viernes, 12 de julio de 2013

CONTRA LA LEY DEL SERVICIO CIVIL,,, LA LUCHA CONTINUA



La Ley de Servicio Civil aspira a ordenar el pan demonio de regímenes laborales en el aparato público.
Su reto es despejar el fantasma de la malhadada “modernización” del aparato público de 1991.
Al igual que ahora, se esgrimieron los argumentos de meritocracia y concursos, pero fueron despedidos cerca de 200,000 empleados.
Puntillosamente elaborada por el equipo comandado por Juan Carlos Cortés de Servir, la nueva ley solo aplica para la masa de empleados públicos en las Leyes 276, 728 y CAS, unas 400 mil personas de un universo de 1,2 millones.
El traspaso al nuevo régimen es voluntario, pero la voluntad política de la izquierda por verla fracasar es igualmente manifiesta.
Sobre el papel, los mayores beneficios del ordenamiento son para trabajadores del régimen 276, que data de 1980.
El sueldo básico de aquellos suele ser ínfimo, compensado por el CAFAE, y un sinnúmero de compensaciones salariales sin efectos pensionarios diseñadas para eludir el impacto fiscal del de la hoy desaparecida “cédula viva”.
Para colmo, el aguinaldo por Fiestas Patrias y Navidad apenas asciende a S/. 300. Cerca del 40% de los trabajadores en el marco de la nueva Ley pertenecen aquí.
Entre ellos los líderes sindicales de UNASSE, José Delgado, del CITE, Winston Huamán, y Domingo Cabrera (CTE).
El siguiente contingente de trabajadores beneficiados por la nueva LSC son los del CAS –Contrato de Asignación de Servicios–, promulgado en 2008, que están al margen de beneficios pensionarios, CTS, y estabilidad laboral.
A su vez, bajo el régimen de la Ley 728, de 1989, hay un 20% de trabajadores. Estos reciben un aguinaldo equivalente a un salario, tal como promueve la nueva Ley, pero pierden el derecho al convenio colectivo y asignación familiar.
Los sindicatos resienten que desaparezcan las negociaciones colectivas de carácter salarial.
Cortés de SERVIR explicó que, al ser sectoriales, conspiran contra la naturaleza universal de la norma.
El esquema de la Ley se organiza en función a “familias de puestos”, que agrupará a las especialidades –contadores, fiscalizadores, etcétera– en un mismo rango a lo largo y ancho del aparato público.
Las escalas remunerativas en cada una de las “familias” se definirán en función al grado de responsabilidad, número de empleados a cargo y el presupuesto institucional.
Un servidor podrá escalar en el escalafón, independientemente de la entidad en la que trabaja, alentando la movilidad profesional.
El gobierno tiene 180 días para reglamentar la Ley.
La tarea consiste en el mapeo de puestos de 2,500 entidades públicas, el diseño de los perfiles profesionales –“toda una ciencia” de acuerdo a Cortés–, y el mecanismo de las evaluaciones con los candados explícitos.
Un desafío inmenso que tiene más sentido si se toma en cuenta que desde 1990 el tamaño de la economía peruana se ha multiplicado por 8 y desde el 2000 se ha duplicado, mientras que el Estado todavía carga en buena medida con su estructura anquilosada.
Para llegar al centro se necesita una mochila más ligera.

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